Pintura mural
La pintura al fresco o pintura mural es una técnica que se aplicaba sobre el propio muro de las
edificaciones en la antiguedad.
La pared se revocaba con varias capas de cal, y sobre
la última capa, "el enlucido", se pintaba el fresco con los pigmentos y agua, estando esta última capa todavía húmeda. Esto hace que al secarse
la cal los pigmentos queden integrados químicamente en la
propia pared, por lo que su dureza y resistencia al paso del tiempo es muy alta.
El fresco es el
resultado de fijar el color sobre el enlucido cuando este aun esta
húmedo en el proceso de la carbonatación de la
cal. Así al convertirse la pintura en piedra adquiere una
enorme dureza que facilita su conservación en el tiempo como
lo atestiguan las pinturas pompeyanas. Este proceso se denomina "buon
fresco", y requiere un trabajo extremadamente planificado, ya que no
admite repintes
El muro o el soporte suele ser la piedra o el ladrillo, aunque
en formatos pequeños también se suele utilizar
una plancha de madera sobre la que se construye el enlucido con cal y
arena fina
La pintura mural frente al óleo,
acrílico u otras modalidades de pintura, exige una
preparación minuciosa de la técnica del pintor y
un presupuesto detallado de las acciones a realizar ya que no hay
vuelta atrás en el rápido proceso de
carbonatación de la cal. La intensidad de los colores se ve
un tanto atenuada al aplicarse los pigmentos con agua sobre el
húmedo enlucido, pero el tono mate de la obra terminada la da un caracter especialmente atractivo.
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